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¡Toc, toc: cartero!

15 Abr

Owney, el perro viajero.

Una fría mañana, 120 años atrás en la oficina postal de Albany, Nueva York, los trabajadores que se encontraban catalogando las bolsas del correo hallarían un paquete muy particular. No era una carta, ni un giro postal: se trataba de un cachorro que, por alguna razón desconocida, terminó durmiendo en medio de una pila de bolsas de correo ferroviario.

Owney sería llamado, y se criaría entre paquetes, sobres y notas. Rápidamente descubría que los trenes eran un excelente refugio al frío neoyorquino. Refugio que, curiosamente, siempre lo hacía despertar en un lugar distinto del que se había ido a dormir. No obstante, no importaba cuán lejos terminase de la oficina en Albany. Owney siempre encontraba el camino de vuelta. Viendo esto, los trabajadores decidieron ponerle un collar y una chapa identificatoria.

Pasarían los años y los cientos de viajes, y la historia del perro de la suerte, título que obtuvo a raíz de que en ninguno de los trenes en los cuales viajó sufrió accidentes o atracos, correría por todas las estaciones. Eventualmente se haría costumbre el ponerle una medalla o etiqueta de correo indicando el lugar por el que había andado en su travesía. Tarea simple gracias a su carácter amistoso y cariñoso.

Sin embargo, sus aventuras no sólo se confinarían a los trenes ni al territorio de los Estados Unidos, sino que llegaría subirse en barcos a vapor y, junto al correo internacional, llegaría a conocer Asia y Europa. Siempre siendo enviado de nuevo a su hogar gracias a su medalla indicándolo como “Propiedad de la oficina postal de Albany”.

Owney acumularía durante 11 años de aventuras alrededor de 1017 medallas, estampillas y otras identificaciones que marcaban la infinidad de destinos a los que sus patas habían tocado suelo. Incluso, hasta sería filmado y fotografiado. Su muerte llegaría en 1897 a causa de una herida de bala. “Accidente” del que nadie nunca supo el verdadero por qué, ni autor.

Hoy su cuerpo embalsamado, junto a sus medallas, cartas y notas recibidas, se encuentran en exposición en el Museo Postal.

 
   ¡Y cuenta hasta con su propio peluche!
Alejandra Rovira Marcos

El zoo de Barcelona

15 Abr

El Zoo de Barcelona, donde actualmente viven más de 2.200 animales de 319 especies diferentes, cumplirá en septiembre sus primeros 120 años de vida, marcados por sus animales más emblemáticos: su primer elefante “Avi”, la elefanta “Júlia”, el inolvidable gorila albino “Copito de Nieve” o la orca “Ulises”.
Aunque el zoo barcelonés, el más antiguo de España, busca un animal que se convierta en nuevo icono del parque, su apuesta pasa por la investigación, la educación y la preservación de las especies en peligro de extinción, según su director Miquel Trepat.


Del zoo que abrió en 1892 con la finalidad de exhibir animales exóticos, se ha pasado a un zoológico científico que asume su papel de “reserva de biodiversidad” con proyectos de investigación, “cría en cautividad y reintroducción de especies” en sus espacios naturales, en palabras de Trepat.
Copito de nieve

Los barceloneses se han identificado a lo largo de los años con sus animales más emblemáticos, especialmente con el único gorila albino conocido del mundo “Copito de Nieve”, que llegó en 1966 para dar renombre internacional a este zoológico.
El zoo de Barcelona se inauguró el 24 de septiembre de 1892 en el parque de la Ciutadella tras la compra por parte del ayuntamiento de la colección de animales exóticos del banquero Lluís Martí-Codolar.
Cuando murió su primer elefante, “Avi”, que ya formaba parte de la colección de Martí Codolar y que era el más admirado del parque, el virrey de Marruecos, Muley Hafid, regaló a Barcelona en 1915 otro paquidermo hembra, “Júlia”, que pronto se convirtió en icono, hasta el punto de que Angel Guimerá y Amadeu Vives le dedicaron un himno que se cantaba en las escuelas municipales.


En 1956, el ayuntamiento empezó a sustituir las jaulas por espacios que reproducían La mayor eclosión se produjo en 1966 con la llegada de “Copito de Nieve”, el único gorila albino conocido del mundo que unos indígenas llevaron malherido al centro de Ikunde.
El pelaje blanco y la piel rosada de “Copito” impactaron en los barceloneses, que hicieron suyo al gorila mientras la revista “National Geographic” lo puso en su portada y otorgó al zoo barcelonés el prestigio internacional que ya nunca ha dejado.
Convertido en símbolo de la ciudad, “Copito” vivió 37 años en Barcelona, hasta su fallecimiento en 2003, y ha dejado una enorme prole formada por 21 hijos, siete nietos y un biznieto, aunque probablemente dos de sus nietas están embarazadas y sumarán otros dos biznietos a final de este año.


La muerte en 2003 de “Copito” motivó la apertura del espacio “Gorilas” en un zoo, que durante los últimos años ha abierto nuevas instalaciones para los vistosos guacamayos, para los feroces dragones de Komodo, que ahora está intentando reproducir en cautividad, o las cómodas habitaciones climatizadas para “Susi” y “Yoyo”, las dos elefantas que viven actualmente en el zoo.
Para celebrar los 120 años, los responsables del zoo han pedido a todos los barceloneses que aporten fotografías antiguas en el zoológico para confeccionar un gran mural de 6 metros de largo que se inaugurará para las fiestas de la Mercè.

Andrea Rodríguez Soto

El caracol más grande del mundo

15 Abr

Es conocido como Caracol Tigre o Caracol Gigante de Ghana, el Achatina achatina, es el caracol terrestre más grande del mundo. Su concha o caparazón puede medir de 18 a 22 cm, aunque se han encontrado algunos con 30 cm. El diámetro ronda los 9 cm. y posee entre 8-9 espirales.

Es más dificil de criar que otras especies de caracoles africanos, como por ejemplo el Achatina Fulica o Caracol Terrestre Africano que es el más común en los terrarios de todo el mundo. Estos “tigres” se encuentran tanto en el denso suelo del bosque, como en los suelos de los márgenes ribereños. Su hábitat está repartido por los siguientes países: Ghana, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Togo, Dahomey, y Nigeria.

Cada vez son más difíciles de ver en libertad, ya que su largo período de inmadurez, la continua deforestación de su entorno y el aprecio que sienten por él los nativos como plato gastronómico, han hecho que su número se haya visto muy mermado en los últimos 10-15 años. Tardan entre los 21-24 meses en llegar a la madurez, en ocasiones hasta 3 años. Por lo visto este largo período puede reducirse en condiciones de cautividad con alimentación intensiva (debidamente controlada, claro). La primera puesta de huevos se produce una vez llegado el caracol a la madurez. La siguiente puesta puede distanciarse en el tiempo ya que si el caracol se auto-fertiliza pueden llegar a transcurrir 2 años hasta dicha puesta. En teoría, es entre Abril y Julio, cuando se lleva a cabo. Esto coincide con los días más largos y la época de lluvias, ya que huevos y crías, necesitan humedad y vegetación en cantidad para su correcto desarrollo.

En la naturaleza los caracoles hibernan periódicamente, pasando muchas horas inactivos, por lo que tienen una vida más larga. En términos de horas activas, 3 años de vida de un caracol en cautividad equivalen a 5 años de vida con un caracol en libertad. Los caracoles prefieren unas temperatura de entre 25-30°C y humedad 80-95%. Son díficiles de mantener en cautividad, ya que requieren unas condiciones firmes y continuas, tanto de las anteriormente citadas como de ciclos de luz que en su tierra natal son de 12 a 13 horas ininterrumpidas,según la estación, y teniendo en cuenta que la temperatura nocturna es de 2-4ºC menor que la diurna.

Andrea Rodríguez Soto