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Un perro que pierde su masculinidad

5 May

Cada vez es más frecuente que muchos dueños opten por castrar a su perro, siendo el colectivo de hembras mucho más afectado que el de machos. Esto es debido, a que el principal fin de la castración es el de evitar la reproducción, conductas molestas que pudieran estar relacionadas con el patrón reproductivo o trastornos hormonodependientes. En dichas situaciones, la castración ha demostrado ser una medida muy rentable y efectiva.

Sin embargo, cuando el objetivo de la castración es intervenir en patrones conductuales del perro, la cosa cambia, pues no existe unanimidad a la hora de demostrar en qué situaciones ésta es eficaz y en cuáles pudiera ser ineficaz o incluso contraproducente. Concretamente, en los problemas de agresividad, la castración del perro sólo ha demostrado ser verdaderamente eficaz en la agresividad intraespecífica intrasexual, es decir entre perros del mismo sexo, concretamente la castración disminuye la agresividad intraespecífica en el macho, mientras que en la hembra tiene un efecto contrario ya que la aumenta.

Los efectos de la castración no son siempre inmediatos a pesar de que la concentración plasmática de andrógenos disminuye hasta valores prácticamente nulos casi inmediatamente después de la misma. Esto es debido probablemente a que las proteínas sintetizadas en las células diana por inducción de los andrógenos tardan un tiempo en catabolizarse, de tal forma que el efecto androgénico se mantendría hasta que éstas desapareciesen.

La castración de los machos como es de presuponer, debería de ser más eficaz en aquellas conductas que requieresen el efecto activador de los andrógenos. No obstante, hay mucha controversia a la hora de ponerse de acuerdo sobre los efectos y beneficios o perjuicios de la castración dependiendo del investigador como podemos observar a continuación:

  1. En la población general de perros, se observa que los perros castrados muestran mayores problemas de agresión que los no castrados, tanto en machos como en hembras, siendo el colectivo de hembras el más afectado. La castración actuaría como factor que favorecería la agresión en los machos y las hembras.
  2. El orden de agresividad por dominancia de mayor a menor es: macho entero, macho castrado, hembra castrada y hembra entera, de tal forma que la castración disminuiría la agresividad por dominancia en los machos y la aumentaría en las hembras.
  3. El castrar al perro no se asocia a una mayor incidencia de problemas conductuales.
  4. La castración en machos disminuye la agresividad por dominancia o los problemas de agresión y en hembras los aumenta.
  5. Los machos castrados tienen una menor incidencia de agresiones frente al ser humano y una menor tendencia a pelearse con otros perro que los que son enteros.
  6. El perro entero reacciona con gruñido, ladrido y mordida con una mayor rapidez, intensidad y durante un mayor periodo de tiempo.
  7. Dentro de las hembras es más frecuente la agresividad por dominancia en las que fueron castradas antes del año de edad. No sería recomendable castrar a las hembras antes del año de edad y que deberíamos de esperar que la perra tuviera al menos un ciclo estral.
  8. La castración disminuye la agresividad intraespecífica en el macho y la aumenta en la hembra.
  9. La castración disminuye la agresividad por miedo tanto en machos como hembras.
  10. La castración reduce o elimina el marcaje territorial y la agresividad intrasexual en el 50-60% de los casos y el vagabundeo en hasta el 90% de los casos.
  11. Sólo menos de 1/3 del total de perros con problemas de agresión establecidos mejoraron con la castración.
  12. La castración en machos reduce o suprime las conductas sexualmente dimórficas aunque no todos los machos responden igual, ya que influyen factores como son la edad del perro (en la agresividad por dominancia responden mejor los perros en los que el problema ya existía desde hacía al menos 5 o 6 años mientras que no respondían aquellos en los que el problema llevaba una media de 3 años) y la experiencia previa a la castración.
  13. La agresión por dominancia apenas resulta afectada por la castración (supresión en el 20-30% de los casos) y la agresividad territorial no resultaba afectada.
  14. La castración influye de forma negativa en primer lugar en la agresión frente a extraños, seguido por la ansiedad por separación y la agresión frente a los propietarios.
  15. La castración en hembras se asocia a un aumento en este tipo de problemas, es decir, agresión frente a extraños-propietarios y ansiedad por separación. En hembras castradas aparece una conducta indiscriminada a la hora de comer.

Andrea Rodíguez Soto

El GRAN San Bernardo

5 May

Todos tenemos en la cabeza la imagen del San Bernardo como un perro grande y bonachón, que atraviesa incansablemente grandes bosques con un barril de licor colgando del cuello. El San Bernardo es de carácter tranquilo, reposado y cariñoso. A pesar de ello, los cachorros deben ser educados con firmeza para poder controlarlos de adultos, ya que es una raza de mucha potencia.

Es un perro de enorme fuerza y puede ser educado perfectamente en el interior de un hogar. Se adapta bien a la vida familiar aunque tiende a babear y necesita espacio. Es conveniente que haga ejercicio diario. Debido a su gran tamaño es un animal que come mucho, por lo que su coste de mantenimiento es bastante elevado.

Es muy importante cepillar al San Bernardo a diario y mantenerlo bien aseado, con especial atención en la boca y los ojos.

Debido a las grandes dimensiones del San Bernardo, su conformación torácica es muy profunda y de gran tamaño y esto puede hacer que esté expuesto a la torsión de estómago. La causa de este movimiento puede ser dada por una abundante comida seguida de un movimiento de rotación axial del estómago. La única solución es una terapia quirúrgica.

El San Bernardo es un perro de gran tamaño y fortaleza. Buen aprendíz gracias a su inteligencia superior. De cabeza maciza con hocico corto, stop marcado y bien definido. Belfos muy desarrollados y colgantes. Bien proporcionado. Ojos profundos y oscuros, cuello fuerte y característica papada. Cola colgante, ancha en la base y puntiaguda en el extremo. Orejas de longitud media. Puede ser de abundante pelo largo, ondulado y grueso, o de pelo corto, muy apretado y liso. El pecho, las patas, la punta de la cola, el collar y la banda alrededor del hocico son siempre blancos. Con sombras negras en cara y orejas, posee manchas anaranjadas, caobas o rojas.

En el paso de montaña del Gran Monte St. Bernhard, a 2.469 metros sobre el nivel del mar, unos monjes fundaron en el siglo XI, un hospicio para viajeros y peregrinos. Allí se criaron, desde mediados del siglo XVII, perros grandes de montaña para guardia y vigilancia. La existencia de aquellos perros está documentada gráficamente desde 1695 y por escrito en unas crónicas del hospicio desde el año 1707. Estos perros pronto se utilizaron como perros de escolta y, especialmente, como perros de salvamento para viajeros perdidos en la niebla y la nieve. Existen crónicas publicadas en muchos idiomas sobre las numerosas vidas que fueron salvadas por estos perros de la “muerte blanca” y relatos de soldados que cruzaron el paso de montaña con Napoleón Bonaparte hacia 1800, en el siglo XIX, que extendieron la fama del perro de san bernardo por toda Europa.

Los antepasados directos del perro de san bernardo fueron los muy extendidos perros de gran tamaño, de campesinos de la región. Estos perros de gran tamaño se convirtieron en pocas generaciones, siguiendo un patrón ideal, en la raza actual.

Andrea Rodríguez Soto